Adios, Iñaki

admin 24 mayo, 2008 0

Fallece Iñaki Ochoa de Olza

Uno tiende a pensar que nunca le va a tocar, que las desgracias sólo les suceden, a los osados, a los inexpertos o…¡¡vaya!! ,  también a los fuertes. Encontrar la muerte en una montaña no es algo que busquemos. Cuando subimos buscamos otras cosas. La muerte a veces la sentimos, pero sólo a veces, ya que si fuera la principal sensación al subir una gran montaña, no lo haríamos. Creo que el principal motor que nos mueve a subir, es el superarnos a nosotros mismos, usando como instrumento para ello, a la montaña.
Preparas la expedición. Te preparas física y mentalmente. Todo cuadra, incluso el tiempo, pero la desgracia viene a por nosotros y a determinadas alturas, cansado, exhausto, es muy difícil esquivarla, casi imposible. 
Allí nos adentramos en caminos que sólo el hombre puede caminar, sus artilugios e inventos no sirven. Llegado un punto ningún águila vuela tan alto como para cogernos con sus garras y llevarnos de vuelta al nido. Lo sabemos, y aún así caminamos, subimos y muchas veces alcanzamos el objetivo y sentimos esa sensación que sólo conocemos los que hacemos de la montaña nuestra forma de vida, nuestro motor, nuestra casa, nuestro paraíso y muchas veces nuestro infierno. Un infierno que no quema, congela.
Todo esto lo sabía Iñaki y lo sabemos muchos, pero no por estos contratiempos vamos a cambiar de forma de vida. Que es más peligroso, si. Pero sinceramente prefiero correr esos riesgos ya que de ninguna otra manera podría sentir lo que siento en las cimas y en los caminos que nos conducen a ellas. Prefiero morir a 7400 metros, que de un infarto en el sillón de mi casa, de la que no he salido apenas para no correr riesgos. Prefiero ser valiente que no un cobarde que por no aprender a vencer miedos y a vencerse a sí mismo hace de su vida un camino por una autopista sin curvas y con salidas bien marcadas. Prefiero perderme y encontrarme. Prefiero conocerme y superarme. Prefiero vivir como me gusta y salirme del redil, ser esa cabra que siempre tira al monte huyendo de la disciplina del rebaño que es el grueso de nuestra sociedad. Muchos dirán: “Que tonto” o “Qué pérdida de tiempo”. Yo siempre contesto: ignorantes. Para mí es más ignorante el que, por miedo, no quiere conocer, sabiendo que hay algo, que el que simplemente no sabe que ese algo existe. El primero busca excusas, el segundo ni siquiera las puede tener.
Valiente también es el que llora. Suelo llorar en cada cima de envergadura a la que me enfrento. Siento tan intensamente todo allí arriba: mis hijos, mi familia, mi novia, mis amigos… que es muy difícil contener tanta emoción. Lo considero un tributo a mí mismo y a todos ellos. Mi esfuerzo es por mí y por ellos.
Miremos hacia adelante y rindamos tributo a alguien que con su filosofía, forma de vida, de entender la montaña y de correr por ella, nos lo ha estado rindiendo muchos años.
Iñaki Ochoa de Olza, descanse en paz.

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