Esquí alrededor del mundo

admin 9 mayo, 2011 3
Esquí alrededor del mundo

Esquiar y viajar. Viajar y esquiar. Probablemente dos de los verbos que transmiten dos de las acciones que más nos gusten. Y probablemente dos de los verbos que mejor combinan entre sí… El autor nos cuenta cómo es el esquí alrededor del mundo después de haberlo hecho en los siete continentes. Ski around the world!

FOTOS: Brennan Lagasse

Empecé con dos años de edad. Recuerdo aquellos primeros giros en las pistas de Pico Mountain, en el Estado de Vermont. Desde entonces supe que cada vez que hubiese nieve en las montañas, y tuviese unos esquís en los pies, sería un buen día. Incluso cuando los patrulleros de Loon Mountain se enfrentaron a mi avergonzada madre por tener a su hijo fuera de casa en un gélido día de tormenta, mi motivación con el esquí nunca disminuyó.


El autor foqueando en NUeva Zelanda

Mientras iba creciendo, veía con entusiasmo los vídeos de Scott Schmidt volando en Chamonix y Shane McConkey descendiendo sin esfuerzo por la acojonante línea conocida como “Sacrifice” en Squaw Valley. En esos tiempos, Tuckerman´s Ravine en el Estado de New Hampshire era el único sitio en el que había podido experimentar lo que era esquiar en fuertes pendientes fuera de pista. Sabía que era un sitio increíble, pero esos vídeos me habían mostrado que había todo un mundo por descubrir si abandonaba la costa este y me ponía a viajar.

Scott Schmidt

Cuando llegué a Squaw en diciembre del 2001, supe que había encontrado un lugar al que podía llamar hogar. Había viajado por carretera hasta algunas de las estaciones de esquí más famosas del oeste de EEUU, e incluso había estado una semana en los Alpes austriacos. A pesar de haber sobrevivido con sueldos de “temporero”, nunca me rendí en mi sueño de viajar alrededor del mundo con mis esquís.

Norteamérica
Mi temporada de esquí favorita es la primera que pasé en Tahoe. Estaba totalmente alucinado con tener la oportunidad de esquiar cada día. Estaba viviendo el sueño, esquiando en Squaw a diario. Pero me preguntaba porque nadie de los que conocía estaba en la montaña en un glorioso día de nieve fresco en la montaña en marzo o abril.

A los temporeros de Tahoe no les lleva mucho tiempo escuchar las historias de muchos esquiadores y snowboarders que usan Squaw como entrenamiento para el más grande y salvaje terreno de Alaska. Sabía que tenía que ir pero ¿cómo iba a afrontar los gastos del viaje? Con la suerte de mi lado, mi primer viaje al “gran norte” se produjo cuando una amiga decidió que se mudaba de Squaw a Girdwood. Ya que el coste de la gasolina iba a ser a medias, y que encontré un vuelo barato de vuelta a casa, me di cuenta de que era mi oportunidad.

Nunca olvidaré los primeros giros en Turnagain Pass, justo al sur de los límites de la ciudad de Anchorage. No era un terreno empinado, profundo o expuesto. Diablos, ni siquiera era tan bueno como el terreno que probablemente podría estar esquiando en California. Pero estaba esquiando en Alaska, y justo por eso me sentía tan bien, porque había logrado uno de mis objetivos principales.

Desde entonces, he tenido la fortuna de esquiar miles de metros de desnivel en Hatcher´s Pass en las montañas Talkeetna, ver las montañas fundirse con el mar mientras enlazaba giros en Thompson´s Pass en Valdez, y esquiar un spine digno del esquí-porno en Haines. Incluso he tenido la oportunidad de dejar mis huellas en el Denali.


El autor camino de la cima del Denali

Pensé que iba a estar satisfecho después de mi primera excursión a Alaska, pero estaba equivocado. Una vez saboreas la inmensidad y el desenfrenado paisaje de terciopelo blanco, es prácticamente imposible encontrarle un sustituto… De todos los lugares que he tenido la oportunidad de esquiar en los siete continentes, no hay ningún lugar en la tierra que rivalice con la inmensidad del Estado número 49.

Europa
Antes del sueño de esquiar en Alaska, estuvo el sueño de esquiar en Chamonix. Mi primer viaje fuera de EEUU se produjo en un corto y dulce viaje a Austria, donde junto a mis inmaduros amigos nos concentramos más en el hecho de que podíamos beber alcohol de forma legal que en el impresionante terreno. En el momento que me senté a ver por primera vez el video “Blizzard of Aaah’s”, mi vida no fue la misma. No importaban las líneas que mostraba en Squaw, Chamonix era un paisaje vertical que ardía en mi lóbulo frontal como un gusano viral. La infección me produjo que me iniciase en una búsqueda febril sobre la historia y las cualidades del area que se había convertido en el santuario del esquí-alpinismo. Tenía que verlo por mí mismo.

Blizzard of Aaah’s Coloir Sequence

Mi primera excusa para esquiar en Chamonix vino en una visita fugaz a una novia que estudiaba en Suiza. A pesar de ser primeros de noviembre, me figure que habiendo glaciares se podría esquiar ¿no? El operador del teleférico del Aiguille Du Midi me miró como si fuese un bobo, y me dijo que la temporada no empezaba hasta unas semanas después. Decidí intentarlo de nuevo más pronto que tarde.

Desafortunadamente, esa oportunidad no llegó hasta diez años después. Por fortuna, cuando finalmente volví mis habilidades habían evolucionado hasta aun nivel mucho más competente. Junto a dos buenos amigos –y uno de ellos ya había pasado una temporada allí- y la magia de la nieve polvo, tuvimos un par de días que merecieron la espera.
El primer día fuimos el primer grupo en esquiar el Col Du Plain con una Buena capa de nieve polvo. Después de una Buena ración de powder desayunamos café y pastitas antes de deslizarnos por el Couloir Cosmiques. Al día siguiente nos pasamos por Les Grand Montets, donde pude alucinar con la línea que Glen Plake y Scott Schmidt descendían al final del vídeo de “Blizzard of Aaah’s”. Luego procedimos a esquiar poder entre grietas y foquear hasta la cima del Col de Passon. En el autobús de vuelta no dábamos crédito a lo que habían dado de si nuestros dos primeros días en la capital del esquí de montaña.

El resto de la semana sería tan magnífica que momentáneamente eclipsaría la aventura de esquí que compartí con mi mujer en Marruecos a comienzos de esa temporada.

África
La intriga pudo conmigo después de leer un artículo sobre una estación de esquí en un lugar del norte de África. Hice algunas búsquedas de información y leí sobre la cordillera del Atlas y sus abundantes nevadas, y rápidamente compré un par de billetes de avión para Marrakech.

Me encantan las experiencias que solo puedes vivir cuando viajas a países lejanos en los que la gente vive de una forma totalmente distinta a la tuya. Puede que no tuviésemos exactamente la experiencia que habíamos planeado en Marruecos, pero pudimos esquiar, y además buena nieve. Pero a pesar de la nieve virgen, el invierno no había sido especialmente generoso en el Atlas, y muchas de las estaciones no estaban operativas.

Afortunadamente teníamos a Mohamed para dirigirnos en la dirección correcta. Mohamed regentaba un hostal en un pequeño pueblo que servía de base de operaciones a aquellos que querían escalar o esquiar en el Atlas. Él sabía que teníamos poco tiempo, pero nos aseguró que nos llevaría a un lugar en el que encontraríamos toda la nieve que necesitábamos para esquiar sin descanso. Tenía mis dudas, pero Mohamed nos convenció y finalmente mi mujer Jillian y yo caminamos duramente hasta llegar a la cota de nieve donde, justo cuando nos poníamos las pieles, comenzó a nevar copiosamente. Mientras el día avanzaba la nieve seguía cayendo en el primer día de nieve polvo en África que compartimos.


Brennan y Jillian en Marruecos

Jillian me ha probado que es un alma aventurera deseosa de seguirme en todas las empresas y sueños en los que pongo el ojo, incluso cuando terminan materializándose en experiencias por las que ninguno hubiésemos firmado de antemano, como todo los giros y curvas que hubo que dar hasta llegar a esquiar en Marruecos… o nuestra luna de miel en Asia.

Asia
Cuando le pregunté a Jillian sobre cómo se sentía con la idea de pasar nuestra luna de miel esquiando en el Himalaya me contestó con una sonrisa intrigante. Realmente no quería ir a Gulmarg, un pueblo de esquí en el distrito de Kashemira, y no pensaba que pudiésemos tener el tiempo suficiente para adentrarnos caminando en Nepal o Bután en busca de terrenos que esquiar. Pero pensaba que podríamos divertirnos tirando los dados en una excursión al valle de Kullu, al norte de La India, conocido como el “Valle de los Dioses”. Un esquiador australiano había escrito una pequeña guía de viaje sobre sus viajes de esquí en la región, y teniendo en cuenta que en ella había acceso a montañas de seis mil metros de la gran Cordillera del Himalaya, pensé que valdría la pena.

Esquiar en el Himalaya era uno de mis sueños lejanos que nació a partir de verlo en un documental de National Geographic. Desde que mi madre me grabó en la mente que era un esquiador, siempre me pregunté la razón por la que los alpinistas serían capaces de ascender semejantes montañas nevadas solo para bajarlas andando.. ¿En qué están pensando? Me preguntaba a mí mismo. Ya que esta era la cordillera más grande y majestuosa del planeta suponía que la gente esquiaría en algún lugar, y esperanzadoramente reflexionaba que en algún momento yo tendría mi oportunidad.

El distrito de Kullu, en el que las bajadas pueden comenzar por encima de los siete mil metros, no es asequible para esquiadores mediocres, pero sí para esquiadores de montaña con sentido de la exploración y la aventura. Escalamos lo que consideramos como líneas suaves en los primeros días par air aclimatándonos, y par air digiriendo el verdadero alcance y potencial de la zona. Los numerosos signos de inestabilidad de la nieve eran visibles en la mayoría de los picos más altos. Montones de restos de avalanchas testificaban el peligro.
Usábamos montones de nieve y hielo en las bases de los couloirs para protegernos hasta que los primeros rayos de luz golpeaban la parte más alta de las líneas y comenzaban a caer enormes bolas de nieve y rocas. Los peligros parecían inescapables. Constantemente anulaba los grandes objetivos que planeábamos esquiar debido a los signos de peligro que se hacían visibles a diario en cada momento en nuestras aproximaciones.

Afortunadamente aún así pudimos esquiar algunas zonas vírgenes y compartir las hermosas vistas de los Himalayas que me habían fascinado desde la infancia. El esquí y los aspectos culturales del viaje fueron realmente sorprendentes, y los peligros reales y objetivos son todavía algo que no he vuelto a ver en ningún sitio… excluyendo algunos de los terrenos que se encuentran en la Península Antártica.

Antártida
Este era sin duda el continente que siempre me pareció más remoto, el que consideraba imposible de cumplir en mis frecuentes sueños de esquí. Aún así, persistía. Incluso a pesar de no llegar a fin de mes algunos meses, seguía buscando un viaje a la Antártida para sentirme acto seguido decepcionado, sabiendo que no había manera de que pudiese gastarme miles de dólares en unirme a un barco que apenas te garantizaba la oportunidad de tocar, ni que decir esquiar, el continente.

Pero sabía que había gente que había esquiado allí. Sabía que algunos expedicionarios habían logrado el primer descenso del pico más alto del Macizo Vinson; algo que burbujeaba en mi imaginación desde que era adolescente. Nunca olvidaré cuando lo leí. Justo por eso hice voto de encontrar la manera de lograr esquiar el continente helado en algún momento de mi vida, ya fuese trabajando en alguna base científica o fregando los suelos de un crucero antártico.

La buena fortuna intervino en el otoño del 2009 cuando fui invitado a asistir a una sesión con el equipo de filmación de Warren Miller a los esquiadores más famosos en la Antártida, en una expedición conjunta con Ice Axe Expeditions, la compañía regentada por el notable explorador polar Doug Stoup.

El momento que me puse los esquís en el continente antártico sabía que había conseguido algo especial. La gente del viaje, la vida salvaje, esquiar hasta el mismo océano… todo era irreal. Después de mis primeros giros el grupo se reunió en la orilla donde me di cuenta que dos pingüinos estaban justo detrás de mí. Pensé: “¿Realmente acabo de esquiar en la Antártida, justo hasta el océano, rodeado de icebergs y seracs, y hay dos pingüinos fichando lo que hago?”.

El viaje rodó de un momento memorable a otro. Incluso la experiencia en Ushuaia, Argentina, antes de zarpar hacia el canal de Beagle y cruzar el infame paso Drake, fue realmente memorable. Si tengo la oportunidad de participar en el viaje planeado a la Antártida para el 2011, haré el esfuerzo que haga falta para estar ahí.

Sudamérica
Esquiar en Sudamérica fue una de las primeras veces que cumplí mis sueño de esquiar alrededor del mundo. La primera vez que ahorré suficiente dinero para viajar unos cuantos meses, me dirigí al hemisferio sur para experimentar el esquí en los meses de verano. Era algo que me sonaba bien y todavía lo hace. Mi primer viaje me llevó a través de los Andes chilenos, pasando a Argentina, hacia Bariloche y Las Leñas. Cada lugar tiene sus atributos particulares que lo hace especial, desde el Pisco Sour y el couloir “Super C” en Portillo, Chile, hasta la discoteca y el esquí de travesía épico en Las Leñas.

Hasta el viaje a la Antártida no tuve la excusa de volver al continente e ir tan al sur como Ushuaia, “la ciudad más al surf del mundo”. Sólo para pensar en llegar a la Antártida hay que volar hasta Ushuaia de todas maneras. ¿Y qué mejor que para ir calentando en un viaje de esquí que un taxi que te lleva desde la ciudad hasta un glaciar en unos cuantos minutos?

El terreno del Martial Glacier es divertido, accesible y totalmente recomendable como viaje sólo por sí mismo. En mi último día antes de partir hacia la región patagónica de Fitz Roy, tuve la oportunidad de coger un taxi, foquear, llegar a lo alto de un couloir no mucho más ancho que mis esquís, descenderlo esquiando por nieve polvo, y volver a tiempo de hacer el equipaje y pillar mi vuelo por la tarde. Hay realmente terreno disponible para ser explorado y esquiado durante varias vidas. Aparte de Nueva Zelanda, no hay realmente otra tierra sin habitar tan vasta que pueda ser esquiada en el hemisferio sur.

Australasia
El pasado verano me di cuenta de lo cerca que estaba de cumplir el inalcanzable objetivo de esquiar en los siete continentes, cuando la buena fortuna me golpeó de nuevo.

Como colaborador regular de Unofficial Squaw, una web de noticias de espíritu freeride, me dieron luz verde para hacer una crónica de las posibilidades de aventura en Nueva Zelanda. Cuando me dieron la noticia, casi rompo el techo de mi habitación con la cabeza…

Estaba realmente excitado de viajar a un país en el que ya había estado, pero en el que no había podido esquiar. Un descuido que seguramente no me pasaría de nuevo mientras comprobaba las posibilidades de aventura en la isla sur de Nueva Zelanda.
Desde los frondosos bosques húmedos de la costa oeste, hasta el pico de Kaikora, la isla sur de Nueva Zelanda tiene algunos de los paisajes y escenarios más sobrecogedores del planeta. Cualquiera que haya visto “El Señor de los Anillos” puede certificar esto. Con unas excelentes condiciones para la escalada en roca y el alpinismo, y algunos de los locales más amigables que puedas encontrar, es un lugar que cualquier viajero disfrutará aunque no esquíe.

Como buena isla en el camino de las tormentas provenientes del océano, el esquí en Nueva Zelanda es todo menos predecible. El esquí en sí mismo no es tan increíble como en otras zonas del mundo en las que he esquiado, pero si lo unes al resto de atributos del país, y además coincides con una buena tormenta proveniente de la Antártida, seguro que no echas de menos el verano del hemisferio norte.

Brennan Lagasse en Nueva Zelanda.

Con tantos lugares para esquiar en nuestro pequeño planeta, el objetivo de esquiar en uno puede enseguida aparecer después de esquiar otro. Viajar nunca perderá su atractivo para mi, e incluso si repetiría todos los viajes sin dudarlo, ahora que he esquiado en los siete continentes me siento mucho más inclinado a dejar huellas frescas en cualquier sitio que haya nieve virgen. Menos mal que esto es frecuente en el terreno detrás de mi casa en Sierra Nevada, California.

FUENTE. http://adventuresportsjournal.com
Traducido y editado por FJ González con el permiso del autor.

3 Comments »

  1. envidia de la buena 10 mayo, 2011 at 8:19 am - Reply

    qien pudiese!

  2. Anónimo 10 mayo, 2011 at 7:03 pm - Reply

    una pena q el ultimo video este grabado en vertical. Buen articulo

  3. vente pa Espa?a 11 mayo, 2011 at 10:58 am - Reply

    Brennan, vente pa Espa?a amigo :p

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