Esquí de montaña en Cevedale: 3ª parte

admin 22 mayo, 2008 1

Ultimo capítulo de esta clásica travesía que rodea uno de los picos más bellos de los alpes, el Gran Zebrú. La ascensión al Cevedale de 3769 m pone la guinda a este recorrido, que nuestros amigos Jose Maria, Jesús, Fernando, Jose y Borja nos han contado con todo detalle y con unas fotos magníficas.

DIA 4: Del Ref. Casatti al Martello:

• HORARIO:  3 h 30 min horas
• DESNIVEL: + 350 metros         – 754metros
• DIFICULTAD:  Descenso por glaciar.

Amanecer en el refugio Casatti, un viejo caserón de aspecto destartalado, situado a 3.269 metros, al pie del glaciar superior del monte Cevedale, en el paso del mismo nombre, un collado a medio camino entre dos valles. Esta tercera jornada de la travesía, comienza con los elementos necesarios; nieve, frío y ganas de realizar nuestra actividad, nieve para deslizarnos, frío para mantenerla en las mejores condiciones, y ganas de disfrutarla. Tras el desayuno, nos despedimos de un grupo de montañeros de La Rioja que se vuelve para casa, y tras una pequeña bajada, de unos cuatrocientos metros, comenzamos la subida del pico Monte Gelato, a través de su collado sur, que nos da acceso a la cumbre.


Fernando y el Gran  Zebrú.

Este pico, sin ser de los mas altos o escarpados del macizo, es un perfecto balcón con unas vistas privilegiadas, tanto del Gran Zebrú, pico emblemático de la zona, que domina el horizonte, como de los valles que se abren hacia el norte, y al oeste.

Tras la llegada a la cima, realizamos los tramites habituales: quitar las pieles de foca, y abrigarnos, pues el frío sigue siendo intenso, y el cielo velado por una calima alta, no deja pasar el calor del sol. Tras comer y beber un poco, para reponer fuerzas, mientras disfrutamos del momento, comenzamos la bajada. Novecientos metros de ladera nevada, que comienzan en una pala perfecta, en la que comenzamos a realizar giros. Poco a poco, ésta va perdiendo pendiente, y con la nieve profunda, tenemos que conformarnos con dejarnos deslizar por la huella, renunciando a jugar con nuestros esquís por la nieve polvo. Nuevos resaltes, y vuelta a los giros, disfrutando pendiente abajo, con nuevas zonas menos pendientes, que nos hacen buscar de nuevo la huella para deslizar, e incluso ayudarnos de los bastones en mas de una ocasión, hasta llegar al gran circo en mitad de la ladera que señala el final de nuestra bajada, y donde comienza la subida de trescientos metros que nos lleva al refugio Martello, o Martellerhütte, en su acepción austriaca original (en la zona de Sud-Tirol, los nombres originales en alemán están italianizados, y se suelen ver las dos acepciones).
Acabada esta subida, y con ella la actividad, nos acogemos al abrigo del refugio, con su cálida fachada de madera típica en estas zonas, y dejamos pasar el resto del día descansando mientras preparamos la actividad que nos espera, y disfrutamos de las espléndidas vistas sobre el valle que tiene su terraza.

Agradable velada, recordando la actividad del día, antes del sueño que nos proporcionará el descanso necesario para la actividad de mañana, que lógicamente, será mas dura, pues este refugio esta bajo en comparación con la ascensión que nos espera. Pero eso será mañana, y en la cena, con la conversación, y saboreando unas cervezas, el presente es dulce y está aquí, y mañana es el futuro, y queda demasiado lejos…
 
    
Texto: Jesús Gutiérrez  Gómez

DIA 5: Ascensión al Cevedale:

• HORARIO:  7 horas
• DESNIVEL: + 1276 metros    – 1189metros
• DIFICULTAD:  Ascenso por glaciar.

Quinta jornada, la que será la etapa reina de la travesía que estamos haciendo. El día amanece soleado y se presenta perfecto. Afrontaremos una larga subida hasta el pico más alto de nuestra semana, el Cevedale (3769 m), para bajar posteriormente al siguiente refugio, el Pizzini, al otro lado de la montaña.

Después de un buen desayuno en este acogedor refugio situado a 2610 m, más tirolés en el sentido germano de la palabra que italiano, como han sido los refugios que acabamos de conocer, nos ponemos en marcha temprano. El sol nos regala unas preciosas vistas sobre las montañas circundantes, por supuesto con el Gran Zebrú imponente al fondo, acaso un poco lejano. Por detrás de nosotros, sin embargo, el valle aparece inmerso en una blanca capa de niebla, que lo tapa todo desde una cierta línea para abajo. Todo ello invita a salir y subir montaña arriba, hacia el cielo azul.

Por si teníamos alguna duda sobre qué ruta tomar, en función de lo que nos deparara el tiempo, la respuesta surge por sí sola, pues el camino principal nos invita a que le sigamos. Así, de entre las dos posibles formas de llegar al Cevedale, una menos directa y más larga, que llanea a través del inmenso glaciar Zufallferner y que da un rodeo para pasar de nuevo por el refugio Casati, tomamos la otra, la directa, que sube con pendientes mayores por el glaciar Fürkaleferner hacia el pico.

Prudentes, pues la subida será larga, decidimos no aventurarnos con otras posibles ascensiones que posibilita la excursión, como son la subida a la Cima Marmotta y la Cima Venezia, que prometen ser interesantes. Partimos por tanto claramente en dirección al Cevedale, y, mientras comenzamos a ascender muy levemente por el final del glaciar, muy plano en esta zona, pasamos de largo el desvío que hacia la izquierda nos llevaría hacia esas cimas, que en esta ocasión dejaremos atrás.

Poco a poco vamos subiendo, con pendientes todavía leves, que van aumentando según avanzamos. En un cierto momento, en torno a los 3100 m, el camino comienza a bifurcarse. Hacia la izquierda, el glaciar se desarrolla en una gran superficie muy plana al principio que subirá más fuertemente al final, pero prácticamente sin huellas. Sin embargo la mayoría de las trazas se dirigen hacia la derecha, paralelamente a la cuerda de riscos que separa el glaciar Fürkaleferner del Zufallferner, y que vemos más a la derecha aún de nuestra posición. Seguimos esta dirección por tanto, claramente más pendiente desde un principio pero de una forma más uniforme, y que aparentemente es la que sigue la mayoría de la gente.

Así, empezando a hacer ya las consabidas “zetas” ascendentes, que en algunas ocasiones puntuales sí pueden resultar empinadas, proseguimos valle arriba, siguiendo las huellas que, dirigiéndose en un principio hacia la derecha, poco a poco van girando en dirección contraria, hacia la izquierda, circunvalando claramente el pequeño cuenco que el valle forma en su parte superior. De esta forma, llegamos hasta la base de la arista que, desde unos 3500 m, se dirigirá virando de nuevo hacia nuestra derecha a la antecima del pico al que nos encaminamos.

En este punto, pues, nos descalzamos los esquíes y los cargamos en la mochila, para afrontar con los crampones los aproximadamente 250 m de sencilla subida entre piedra y roca, sin peligro ni problema alguno, que nos separan del pico secundario, la Cima Cevedale, de 3757 m de altitud. Desde aquí, junto a la correspondiente cruz metálica que preside el pico, observamos hacia nuestra espalda, al este, el magnífico valle por el que hemos llegado hasta aquí, y, hacia el suroeste y muy cercana, la cima principal del pico, sólo ligeramente más alta.
Hacia nuestra izquierda, al sur, podemos ver cómo desciende el glaciar de la Mare, que baja por la cuenca que forman el Palon de la Mare y el Cevedale; y, ligeramente hacia la derecha, y un poco hacia el norte, podemos adivinar claramente el glaciar de bajada que nos llevará hacia nuestro destino final.

Bajando desde aquí apenas unos metros, al principio todavía a pie, nos calzamos de nuevo los esquíes para subir el pequeño desnivel que nos queda para llegar, con ellos puestos y a lo largo de una amplia arista nevada y de poca pendiente, hasta la cumbre del Monte Cevedale, de 3769 m, techo de nuestra travesía. Encontramos aquí unas cuantas personas que, sin ser probablemente tantas, a nosotros nos parecen una cierta muchedumbre, pues no estamos acostumbrados a ello en los días precedentes.

Curiosamente, si bien esta cima es la principal, en este caso no hay cruz. Las vistas son igualmente magníficas, llegándose a ver ahora desde aquí y hacia poniente la siguiente línea de cumbres y el valle por el que empezamos la travesía, con las pistas y remontes de la estación de esquí de Santa Caterina en medio. Y, al noroeste, como siempre, el Gran Zebrú, pirámide perfecta, dominando altivamente sobre todas las demás montañas.

Desde aquí, desde la misma cima, ya sólo queda bajar esquiando a lo largo del glaciar de Cedec, que nace a nuestros pies. Las palas iniciales, empinadas y orientadas prácticamente al norte, tienen una nieve virgen casi perfecta, muy fría y con bastante espesor, y además casi sin huellas, por lo que bajarla es un deleite que aprovechamos con gusto. A partir de aquí, el camino se dirige más hacia el oeste, con lo que la nieve empeora, a la vez que disminuye la pendiente. Sin embargo, la bajada es increíble, pues discurre entre atractivos bloques y grietas de hielo, pero a suficiente distancia, con una cierta seguridad, por lo que puede decirse que es una de las más gratificantes bajadas glaciares de entre las existentes en las travesías alpinas habituales.

Poco a poco, y con rumbo aparente en dirección al Gran Zebrú, lo que le da un atractivo especial, la bajada va discurriendo por amplias palas de pendiente contenida, que alternan zonas de nieve diferente según la orientación, pero gozosa en general. En un momento dado, y mientras se vuelve a cambiar de dirección para dirigirse de nuevo hacia el suroeste, se adivina que el glaciar va llegando a su fin, si bien las suaves palas de nieve continúan, dirigiéndose nítidamente hacia el refugio Pizzini, situado a 2700 m. Se llega hasta él esquiando, pero tras tener que salvar una pequeñísima pendiente de subida al final, que si bien no cuesta en absoluto, sí que produce un cierto malestar, haciendo que uno se pregunte si ha acertado al elegir el tramo final de la bajada.

Llegamos pues a media tarde al Pizzini, sentándonos en la terraza a disfrutar al sol de una merecida cerveza. Desde aquí se domina al glaciar por el que hemos bajado, y el brazo que naciendo de él forma el glaciar del Pasquale, que baja abruptamente hacia donde estamos. La vista es perfecta desde aquí, y nos permite disfrutar de las pocas horas de luz que quedan junto al único otro grupo con el que compartiremos el refugio esa noche.

Y, tras colgar a secar las pieles en una perfecta habitación dispuesta para ello, una buena cena por supuesto a base de pasta y a dormir.

Texto: Fernando Martinez Garcia.

Dia 6: Ascensión al Pasquale desde el Ref. Pizzini:

• HORARIO:  4 horas
• DESNIVEL: + 859 metros         – 1072 metros
• DIFICULTAD:  Nieve costra imposible.

Despertamos en el refugio Pizzini, después de una noche de cantos primitivos por cuenta de nuestros compañeros de refugio (también Fernando les haría conocer nuestros sonetos más internacionales). Un buen desayuno y preparamos el macuto para comenzar la jornada. El tiempo: sol y moscas, nubes de evolución para la tarde.

A la salida del refugio, el Zebru a la izquierda imponente. El grupo de alemanes que nos invito la noche anterior a unir fuerzas e intentar hacer esta cumbre ya ha salido en su busca, pero nuestro camino será otro pese a que yo era el único agonías que quería intentarlo. Comenzamos la ascensión al Pascuale por un valle prácticamente sin desnivel, pero poco a poco giramos  a la derecha y vamos en busca de una traza que ahora ya si con buen desnivel va remontando el zig-zag las palas del Pasquale.

Llegamos al collado, después de pasar una zona en la que vemos como asoman grandes grietas del glaciar y paramos a tomar un pequeño tentempié y un trago de agua. Muy poco desnivel nos separaba ya de la cumbre a la cual se accede a través de una pequeña cresta en la que casi todos tenemos que poner las cuchillas porque la nieve está un poco dura y la caída  por un resbalón  no es muy buena. Llegamos a la cumbre con el día despejado y muy buenas vistas; la verdad es que mejor hubiera sido no tener tan buenas vistas, ya que desde aquí conseguimos ver unas pequeñas figuras que llegan a la cumbre del Zebru. A todos nos asalta la misma pregunta ¿podríamos haber triunfado?

La bajada hasta el collado es con nieve muy buena, por lo que recobramos el buen humor pensando en el disfrute que se avecina, pero sorpresa, 1000 metros de desnivel de la peor nieve costra que he visto. Toda la bajada raya-punto, ni Fernando ni Chopete, esquiadores expertos, consiguen hacer un solo giro bien. Los demás no conseguimos que nos salga una diagonal sin caernos. Cuando llegamos al refugio, queríamos cambiar de deporte, menos mal que todo se pasa con una Weisbier en la mano y con “vistas” como las que había en el refugio Branca.

Texto: Jose López Galán

Despedida:

El último día, nos despedimos de este maravillo paisaje, con una bajada por el valle del Branca hasta el refugio de Forni donde dejáramos el coche seis días antes. Descenso sobre nieve recién caída. Recogemos con algo de prisa –seguía nevando y hacia fresquito- y nos dirigimos hacia un lugar secreto que Chopete y Jesús conocían y que nos ayudo a entrar en calor y recuperar nuestras maltrechas articulaciones. Nos llevan con los ojos vendados y nos hacen apagar los GPS para que no sepamos la ubicación exacta. Agua a 45 grados en medio de las montañas cubiertas por la niebla matinal, ¿se puede pedir algo más?.

Después de la milagrosa recuperación, nos damos un buen homenaje comiendo en un restaurante de la zona y como nos queda todavía tiempo antes de que salga nuestro vuelo, nos decidimos por hacer una visita relámpago al centro de Milán. Aparcamos nuestro coche de alquiler a dos pasos del Duomo. Lo dejamos en un lugar prohibido como no podía ser de otra manera y nos damos un corto paseo. Lo justo para ver esta bonita parte de la ciudad y hacer las fotos de rigor. Sin perder mucho tiempo, vamos al aeropuerto Milan-Malpensa, que dista unos 20 kilómetros del Centro, devolvemos el coche de alquiler y nos disponemos a facturar las maletas, poniendo así fin a estas jornadas de buen esquí y mejor compañía.

Hasta el año que viene.

Texto: Jose Maria Cerda Moreno, Jesús Gutiérrez Gómez, Fernando Martinez Garcia, Jose López Galán, Borja Ruiz López

Fotos: Fernando Martínez García

Club Prediza del Manzanares

One Comment »

  1. esto da envidia, pero de la sana! 4 junio, 2008 at 7:17 pm - Reply

    espero que en ese club admitan de vez en cuando un invitado de fuera, y asi poder aprender de vosotros y disfrutar de estos rincones que nos mostrais.
    jose lodro?o

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