Heliesquí en Cervinia

admin 28 abril, 2008 3

Entre los días 16 y 21 de abril tuvimos la fortuna de poder viajar a Cervinia (Italia) donde Heliski Cervinia (www.heliskicervinia.com ), la empresa de helicópteros más importante del valle de Aosta, nos transportó en uno de sus aparatos hasta el collado de Breuil (3.331 m.), justo donde comienza la vertiginosa arista Furggen del Cervino para esquiar uno de los fuera de pista más altos y atractivos de los Alpes.

El tiempo era malo, nevaba abundantemente y las nubes no daban cuartel, las previsiones meteorológicas eran peores y llegamos a pensar que el esperado vuelo y posterior descenso no iba a ser posible. Sin embargo, el sábado 19 de abril de 2008, con las cumbres del valle de Aosta cargadas con casi un metro de nieve reciente y contra todo pronóstico, apareció una mañana más tranquila y se confirmó una posible racha de buen tiempo pasajero que el día anterior nos habían anunciado.


Subiendo al helicóptero.
FOTO: Mariano Frutos

El sábado 19, estábamos en la puerta de las oficinas de Heliski Cervinia a las 8,15 de la mañana, con una sensación de incertidumbre y ansiosos por ver el azul del cielo que garantizaría unas condiciones meteorológicas favorables para el vuelo y el posterior descenso que, desde la base de la vertiente sureste del Cervino, baja a través del glaciar superior y luego continua por unas empinadas palas de nieve hasta llegar a las pistas de la estación de Breuil-Cervinia, todo ello con el telón de fondo de la vertiente oeste del gigante de roca y hielo.


El pajaro despega
FOTO: Mariano Frutos

Con casi 20 centímetros que habían caído en el pueblo esa noche, las condiciones en las zonas altas eran óptimas en cuanto a la calidad de la nieve pero un tanto preocupantes por el riesgo moderado de avalanchas. Confiando en la maestría de nuestro guía Jean Lucca y pertrechados de ARVA, pala, sonda y muchas ganas de romper el ´paquetón` recién caído, nos dirigimos al cercano helipuerto de la estación para esperar que llegase la corta racha de buen tiempo.


Deja un grupo y vuelve a por otro
FOTO: E.Ribas

Hacia las 9,15, nos confirman que el helicóptero ha partido de Valtournenche y que en menos de cinco minutos nos recogería a nosotros y a otro grupo de esquiadores entre los que se encontraba nada menos que el cinco veces ganador de la Copa del Mundo de Alpino Marc Girardelli. Con tan notable compañía recibimos las instrucciones para cumplir con el protocolo de seguridad obligatorio en cualquier vuelo, aterrizaje y descarga de helicóptero; confirmamos la emisión y recepción de nuestros ARVA, ajustamos nuestros arneses y atamos en gavillas los esquís y bastones que se cargarían en la cesta exterior del aparato.

Puntualmente comenzamos a escuchar el zumbido de los rotores y apareció el ´pájaro` al que subimos por grupos y que, con unas maniobras sorprendentemente rápidas, nos traslado en tres vuelos consecutivos hasta el collado de Breuil.


Todo el material debe ir atado.
FOTO: E. Ribas

En menos de diez minutos habíamos pasado de las cercanías del pueblo, a una fina arista de nieve y roca en el collado fronterizo entre Suiza e Italia bajo la resplandeciente cara este y la afilada arista Furggen del Cervino. Cuando el aparato se alejó y el silencio de la alta montaña volvió a llenar el espacio, tomamos conciencia de donde estábamos y comenzamos a descubrir las colosales dimensiones de lo que nos rodeaba y el lejano y mínimo paisaje del valle a donde íbamos a bajar navegando en nieve profunda e impoluta. Al terminar la jornada, más de uno reconoció que en ese momento le asomaron las lágrimas debajo de las gafas de ventisca.


Impresionante cara este y arista Furggen.
FOTO: E Ribas

El descenso
Donde nos depositó el helicóptero nos calzamos los esquís y comenzamos a avanzar por la estrecha arista hasta el punto donde empieza el descenso. Antes de comenzar a trazar las apetecibles curvas en una nieve de excelente calidad dada la altitud, hicimos una reunión previa en la que Jean Lucca nos indicó cómo bajar para prevenir frente al riesgo de avalanchas. El guía abriría la traza y pararía en los puntos seguros hasta donde el resto de esquiadores nos aproximaríamos de uno en uno, sin perder el contacto visual y esquiando muy próximos a la traza inicial.


Por la arista cimera de l collado de Breuil.
FOTO: E Ribas

Los primeros doscientos metros fueron una gozada y, aunque todavía fríos, pudimos hacer unas buenas huellas paralelas en una nieve que se dejaba esquiar muy bien. En esta parte, pudimos comprobar que la nieve era bastante estable y permitía ciertas alegrías, las grietas del glaciar de la Forca estaban totalmente cubiertas y la inclinación no era excesiva, como mucho unos 30º. Después de la primera reunión, continuamos manteniendo el orden y las normas establecidas, abandonamos el terreno glaciar y continuamos por una parte con algo más de inclinación, buena nieve y con la atención puesta en los ´tiburones` que asomaban, pues aquí encontramos mucha roca puntiaguda que asomaba a pesar de los 3 o 4 metros de la capa de nieve.


Casi toda la vista del descenso y Cervinia muy abajo.
FOTO: Luis Pantoja

Hacia los 2.800 metros, paramos en un cambio de rasante sobre un pequeño balcón que permite ver claramente el siguiente tramo que fue, sin duda, lo mejor de todo el descenso. Un largo tubo de unos veinte metros de anchura y con una inclinación que rondaba los 40º en algunos puntos, donde nace el río Marmore que recorre todo el valle de Valtournenche. Ya habituados a la nieve y con el cuerpo caliente, enfrentamos estos 400 metros de fuerte inclinación con giros cortos que fueron ampliándose conforme la confianza nos hacía ir más rápidos.


Peleando en un tramo incómodo.
FOTO: Mariano Frutos

Última reunión, mirada atrás para reconocer la rúbrica de cada uno sobre la nieve y una inmensa sensación de felicidad y adrenalina desatada. Lo que quedaba era fácil, con menos inclinación y una nieve más espesa pero todavía buena, virajes amplios y con la tranquilidad de ver que estábamos en zona segura frente a las avalanchas, rompimos el protocolo de seguridad y bajamos libremente sin orden y abarcando todo el ancho de la pala que terminaba a unos 2.100 metros de altitud y donde nos encontramos con una pista que nos devolvería a Breuil.


Gianluca Ippolito, nuestro guía.
FOTO: Mariano Frutos

Después de la experiencia todos bajábamos por la pista con una satisfacción inmensa, una gran sonrisa  y muchas ganas de repetir. Desgraciadamente, algunas nubes se fueron colando estropeando la visibilidad e impidiendo el siguiente vuelo. Lamentándolo, pero con muchas ganas de seguir abriendo traza, cambiamos el helicóptero por los remontes de la estación y subimos hasta los 3.480 metros de Testa Grigia para esquiar en sucesivas bajadas y subidas las numerosas líneas que atraviesan el inmenso glaciar superior y que luego bajan por corredores entre rocas hasta el lago de Cime Blanche y la estación intermedia del funicular. Con relativo buen tiempo, tuvimos la gran suerte de encontrar una nieve tan buena como la del descenso del collado de Breuil y una acumulación aun mayor. Curiosamente, a pesar de tan buenas condiciones y que ya era más de mediodía, las huellas de esquiadores no eran muchas y quedaban muchos tramos por abrir, a finales de abril ocurre como en todas partes, que las estaciones están casi vacías aunque la nieve sea abundante.


Luis Pantoja y su estela.
FOTO: Mariano Frutos

Unas cuantas bajadas frenéticas sin perder de vista la seguridad, para aprovechar lo más posible lo que podía ser la última esquiada en nieve polvo de la temporada, fueron la guinda de la jornada. Algunas avalanchas mínimas y un gran corte en una placa que no llegó a desprenderse, fueron los únicos sustillos en un día en que bajamos una y otra vez hasta terminar con la mayoría de las posibles líneas de descenso de esta parte superior de Cervinia, y que nos concedieron el disfrutar de una de las mejores sensaciones que busca cualquier apasionado al esquí y, también, el cuerpo reventado después de esquiar tanto y tan alto.


Mariano Frutos disfrutando como un niño.
FOTO: Luis Pantoja

Algunos consejos
Hay que seguir al pie de la letra las instrucciones que nos darán los guías para el vuelo, la subida y la bajada del helicóptero, así como durante el descenso.

Mientras se espera al aparato, lo mejor es equiparse como si se fuese a esquiar inmediatamente porque, desde que se sube al helicóptero hasta que se empieza a esquiar todo pasa vertiginosamente. Casi no da tiempo ni a ajustarse las botas. También es bueno hacer algunos calentamientos antes de subir al aparato y así empezaremos un poco menos fríos, aunque hay que advertir que no es como en las pistas, aquí lo duro empieza enseguida y suele pillarnos todavía entumecidos.


Quique Ribas metido en el paquetón.
FOTO: Luis Pantoja

El equipo de seguridad (arnés y ARVA) nos lo presta Heliski Cervinia, pero es necesario conocer el uso del ARVA y saber cómo actuar en caso de avalancha. Casco muy aconsejable, así como una mochila con algo de abrigo, líquido y algún alimento. El período de heliesquí va del 20 de diciembre hasta el 15 de mayo.

Para viajar a Cervinia lo más cómodo y barato es hacerlo en alguna compañía de bajo coste como Vueling que tiene un vuelo diario a Milán. Si llevamos bultos y esquís, hay que consultar el suplemento sobre el precio de un vuelo sin equipaje. Desde Milán hay servicio de autobuses a Cervinia, también se puede alquilar un coche, a nosotros nos costó 190 euros por cinco días.


Una foto de rebote al Cervino.
FOTO: E Ribas

Tarifas
Lo más barato es un vuelo y un descenso a alguna de las cimas o collados cercanos, los descensos oscilan entre los 1.500 y 2.000 metros de desnivel y se elige el destino en función de las condiciones de nieve y meteorológicas. Para un grupo de cuatro, 140 euros por persona, para uno de siete, 130 euros por persona. También se puede combinar uno o dos descensos con una posterior jornada de fuera de pista con el acompañamiento del guía por unos 280 euros (no incluye el forfait).


En los ratos de mal tiempo aprovechamos por donde pudimos. Luis Pantoja entre ruínas.
FOTO: E. Ribas

Existen otros programas de fin de semana o incluso de semana o contratar el número de vuelos que queramos y que nuestras piernas aguanten. Una posibilidad muy interesante y relativamente barata es contratar el vuelo al Monte Rosa y el descenso hasta Zermatt, es el vuelo más alto de Europa y nos deposita en el collado de Lys a 4.300 metros muy cerca de la cima. Este descenso tiene un desnivel de 2.500 metros en una distancia de 16 kilómetros. Alrededor de 250 euros.

Agradecimientos: a Breuil-Cervinia y al ayuntamiento de Valtournneche por contratar los servicios de Heliski Cervinia. A Vueling (www.vueling.com) por llevarnos y traernos de Madrid a Milán.

3 Comments »

  1. aupa! 28 abril, 2008 at 1:52 pm - Reply

    buen trip!!! no hay v?deos?

  2. Anónimo 29 abril, 2008 at 2:25 pm - Reply

    Como os lo pasais…. El a?o que viene me apunto.

  3. Impresionante 11 mayo, 2008 at 1:12 am - Reply

    Si teneis un hueco en la maleta me llevais…

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