Esquí de otoño en Les Diablerets

Que Suiza es un paraíso alpino para el esquí no es ningún secreto: Grandes montañas, modernas instalaciones, preciosos paisajes y una increíble relación calidad-precio. En estos meses otoñales en los que las ganas de deslizarnos empiezan a dominar nuestros pensamientos día tras día… ¿qué tal un viajecito al glaciar de Diablerets?

FOTOS: César de la Hoz

Hace ya casi 12 años que estuve en éste maravilloso lugar y no había vuelto desde entonces. Un lugar con encanto único y sensaciones muy especiales. Lo recordaba casi al milímetro, aunque me encontré a diferencia de mi primera vez, con un ligerísimo toque de actualidad y renovación acorde a los tiempos, pero algo muy poco llamativo que no empañaba en absoluto la belleza natural de este lugar con alguna nueva construcción inmobiliaria, wifi en los bares y un renovado sistema de telecabinas. Aún recuerdo el miedo los días de viento en la cabina antigua que llegaba al glaciar…

Pero antes de entrar en materia, o en nuestra materia mejor dicho, te contaré algo sobre el lugar del que te hablo que hará plantearte un viaje en cuanto puedas. . Les Diablerets, un precioso publecito suizo habitado desde sus orígenes por pastores, se encuentra entre el Lago Leman y Gstaad, a 1.200 m de altura. Coge una postal de ensueño, mírala y cierra los ojos. Si viajas a Diablerets, cierra los ojos antes de llegar y ábrelos cuando pises este lugar… verás esa postal de ensueño en vivo.

Haciendo honor a la leyenda y dejándonos llevar por la magia de éste lugar, dice en lo alto de la montaña existían preciosos pastos llenos de vegetación que pasaron a convertirse en un desierto de enormes piedras desde que por allí habitaba un malvado pastor que negaba el socorro a todo aquel que se perdía. Entorno a La Quille du Diable (una gigante piedra de forma agujosa perfectamente visible en el glaciar), cuenta la leyenda que desde la aparición de éste enigmático personaje, se divertían los demonios y espíritus malignos arrojando y lanzando piedras montaña abajo en forma de aludes que sepultaban todo aquello que estuviera en su camino, incluido sus gentes y rebaños. Así que la sombra del Diablo vigila éste precioso lugar…pero lo bueno para nosotros es que dejó las nieves perpetuas en éste glaciar como “castigo”.

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Después de volar hasta Suiza fue el momento de coger el tren: mi recuerdo antiguo del tren era vago pero pronto pude recordar que los años habían pasado y que las locomotoras y asientos habían mejorado susceptiblemente. Nos esperaban dos amplios y cómodos asientos en primera clase donde pudimos estirar las patas a nuestro antojo, enchufar a la red el portátil y visualizar unas pelis de snowboard mientras transcurría nuestro trayecto hacia el próximo destino: Aigle. Después de algo más de una hora habíamos llegado a Aigle, donde teníamos 5 minutos de reloj exactos para hacer el trasbordo y subir al último tren que nos llevaría a nuestro destino final. Un tren de otro lo separaban escasos metros entre una vía y otra con los que el tiempo estimado para cambiar de tren era más que suficiente. Ahora bien, no te enredes que ésta gente es puntual a morir y te quedas en tierra.

Ahora llegaba uno de los trayectos más bonitos que se pueden hacer en un tren en Europa. Un pequeño tren con un solo vagón en el que íbamos completamente solos y que sube por las montañas hasta llegar a Les Diablerets por sendas de árboles y paisajes completamente espectaculares. Al cabo de otra hora ya estábamos entrando en la pequeña y bonita estación ferroviaria de Les Diablerets en la que ya se podía apreciar que mantienen el pasado y la historia del pueblo plasmado en cada elemento visible.

Dormimos como benditos y bien calentitos en nuestro alojamiento situado en un gran chalet de madera de varios aptos. por donde además pasa una pista de la estación de esquí de invierno, ya que en Diablerets, además del Glaciar puedes disfrutar de otros dos dominios esquiables como lo son Isenau y Meilleret que unidos al domino esquiable del Glaciar 3000, hacen un total de 125 kilómetros de pistas.

No todo iba a ser coser y cantar, ya que a la mañana siguiente los demonios hicieron su aparición dándonos la bienvenida con un día de perros totalmente tapado por la niebla y nevando… Tuvimos que rendirnos y dar un paseo por el pueblo para conocer cada rincón, y en mi caso, recordarlo. Así que estuvimos disfrutando de la vista de las preciosas casas de madera construidas algunas en el año 1.800. La mayoría de estas casas llevan inscritas una leyenda perfectamente visible en la fachada que hace alusión a la fecha de construcción y al constructor, bendiciendo a la misma con frases típicas y elaboradas.

El día siguiente no iba a ser menos, también malo, metereológicamente hablando claro. No nos lo podíamos creer, el mismísimo demonio jactándose en la Quille du Diable no quería que hiciésemos nuestro trabajo y nos lo estaba poniendo bien difícil. Ya nos dijeron de todos modos que Noviembre es un mes inestable y puede haber tanto buen tiempo como malo de forma aleatoria. Así que de nuevo, nos tocó ruta por los bares del pueblo donde había wifi para hacer algo de vida social en red y revisar nuestros respectivos mails. Así que de nuevo guardamos nuestras tablas en el garaje y nos quitamos el uniforme de faena.

Para el tercer llegó el buen tiempo. La renovada e imponente cabina gigante que sube cada veinte minutos no te deja indiferente. Según llegas a lo alto del Col du Pillon (el puertecito de carretera que sale de Diablerets) ves los enormes cables y pilonas que soportan el enrome teleférico panorámico. Ahí estábamos dirigiéndonos por fin al Glaciar. Un primer tramo de cabina en primer lugar para bajarse y posteriormente coger la siguiente que nos llevaría a los 3.000 m donde está situado el Glaciar, y que en gran parte del trayecto se queda suspendida a cientos de metros de la roca más cercana en la superficie. Acojona la verdad, pero las vistas no están pagadas

Así que en cuestión de míseros 15 minutos estábamos ahí arriba con bastante nieve para lo que nos esperábamos, y además recién caída! El telecabina llega a su fin sobre una reciente construcción del conocido arquitecto Mario Botta con una estructura muy sofisticada que ofrece entre otras cosas un restaurante de alta gastronomía. Además, en lo más alto, se puede visualizar un largísimo y nuevo recorrido lúdico de montaña rusa (la más alta en la actualidad) que impresiona sólo de verla, y que engorda las actividades de ocio del Glaciar durante la temporada veraniega.

En pocos minutos ya teníamos la tabla puesta para hacer una bajada de calentamiento en una de las pistas abiertas en el dominio para poco más tarde acercarnos a conocer el snowpark. La tranquilidad en ésta época en cuanto a la afluencia de público contrastaba con el movimiento fluido de riders locales y extranjeros que allí nos dábamos cita. Un lugar idílico para disfrutar y entrenar en park para cargar pilas en pretemporada. A lo lejos ya se divisaba la larga línea de “chimpos” pero al ver de cerca todo en el recorrido desde la percha pudimos apreciar lo bien estamentado que estaba el parque. En nuestro camino hacia el park nos cruzamos con trineos de perros corriendo como si lo fuesen a prohibir, riders de Telemark y de esquí de fondo e incluso un par de SnowKiters.

La percha está perfectamente ubicada paralela al park con lo que puedes ir deleitándole con los trucos de los demás riders mientras te relajas en la subida antes de darle de nuevo otra ronda. El ambiente de park en estos lugares y entre riders es muy agradable, tranquilo y relajado. Se aplauden los trucos de manera metódica sin griteríos y se nota que la gente viene a andar y divertirse y no ves a nadie parado. Sano ambiente.

Por un lado, tienes para calentar una línea de kickers pequeños unos cinco ó 6 seguidos con módulos colocados de forma paralela de Jibbing para ir alternando si quieres y entre los que había un cajón plano bajada, un rainbow suave, un rainbow con tobogán, un rail en bajada colocado con rampas de street, un rail plano, y un par de módulos pequeños con step y gap muy divertidos para juguetear y “flatear”.

En el mismo recorrido y de forma paralela está la línea de chimpos grandes donde se apreciaba muy buen nivel local siendo una perfecta galería visual para aprender de cada rider con los diferentes estilos que pudimos ver. Como detalle, el número de riders de freeski era notablemente mayor que el de snowboarders  y había gran ambiente entre ambos estilos deportivos. Los kickers tiraban para arriba como alma que lleva el diablo en una transición bien marcada y dibujada hacia el cielo. Lo que nacionalmente se viene conociendo como kickers chupines. Aunque por otro lado es normal encontrarse este tipo de rampas por los parks europeos. Si llegas y le das sin mirar o fijarte bien, te puedes llevar un buen susto e irte fácilmente al plano de abajo.

Ahora bien, lejos de decir que los kickers no eran cómodos, todo lo contrario, lo único que debías hacer era calcular bien la velocidad (mucho menor de lo habitual para una rampa más plana) para jugar con una parábola muy bien definida y alta, para no pasarte de las cortas recepciones. Todo un paraíso, cinco "chimpos" con buenos vuelos progresivos del primero al último, colocados en línea uno detrás de otro perfectamente cuidados y “shapeados”. Después del último kicker, una bajada de pista de unos 300 m y de nuevo a coger la percha. Haz tus cálculos de los tiros que le darías a las rampas si llegas a las diez de la mañana y te marchas a las cuatro…

Con las piernas reventadas y con un buen día de snowboard, nos marchamos de vuelta al pueblo con una buena sensación de satisfacción. Una buena sesión de cocina, una minisiesta y de nuevo a aprovechar el resto del día, cumpliendo como a diario acostumbramos a acudir al MTB Bar donde una agradable paisana nos ponía una cervecita con una tapa suiza, una buena conexión a Internet y los partidos de tenis de Nadal y Federer. Aprovechamos a comentar el buen estado del park y lo que sería tener algo similar en cada una de nuestras estaciones, los buenos trucos de los locales que fluían en los kickers y en general de todo un poco. La marcha nocturna en ésta época no es mucha ya que el pueblo está muy tranquilo y con poca gente, cosa que sinceramente agradecimos mucho por la idea de estancia que teníamos planteada.

Así que para despedirnos, aunque daban mal tiempo, suponemos que los demonios debieron quedarse dormidos y nos permitieron un día que nos respetó hasta el último momento para irnos de vuelta a España con buen sabor de boca. Ahora bien, se notó que era fin de semana ya que el glaciar se petó de gente y Diablerets recobró la vida usual que debe tener durante el invierno. Decir que para subir (y bajar) al telecabina existe un SkiBus gratuito (si tienes el pase del día) que te lleva desde el pueblo a la puerta de las instalaciones y te lleva de vuelta por la tarde, mejor imposible.

Nos gustaría dar las gracias especialmente a FJ González de Canalsnowboard por todas las facilidades, Eric Liechti de la Oficina de Turismo de Diablerets y Elena Affeltranguer de la Oficina de Turismo de Suiza por el excelente trato recibido en todo momento. Muchas Gracias y hasta la próxima.

www.diablerets.ch

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